LA IMPORTANCIA DE CUIDAR, PRESERVAR EL AGUA POTABLE
Carlos Mora V.
En la tormenta es cuando se conoce el buen piloto
Cada vez se lee, se publica, comenta sobre los serios problemas que el planeta Tierra afronta en relación con la contaminación del elemento agua, vital en nuestra vida . Preocupa seriamente, que las advertencias que al respecto se hacen sobre ya la escasez de agua en muchos países no se ha tomado muy en serio por los gobiernos, aun por los ciudadanos que requieren de este elemento para garantizar la vida. .
No nos sorprende leer, que se señale, que uno de los principales efectos negativos que ya está teniendo sobre nuestra vida diaria la insustentable utilización de los recursos naturales y su consecuencia mas devastadora, el calentamiento global, es la dificultad de acceso al agua potable.
La tierra contiene aproximadamente 1,4 millones kilómetros cúbicos de agua, pero alrededor del 97,4 por ciento restante están encerrados en casquetes polares y glaciares. El agua dulce disponible se reduce al 0,001 por ciento del total.
En América Latina y el Caribe, aumento el consumo de agua entre los año 1990 y 2000 en un 45 por ciento, de 150 a 216 kilómetros cúbicos por año. La necesidad apremiante de hacer frente a la progresión geométrica de la demanda de agua dulce en América Latina y el Caribe se complicará aún más si, como indican las tendencias actuales, se deja que la base de recursos se deteriore a una velocidad cada vez mayor.
Definitivamente, nadie puede dudar de la importancia del agua, quizás el único elemento indispensable para el desarrollo de la vida. La escasez del agua dulce a nivel mundial es un problema de dramática prioridad, ya que representa un porcentaje limitadísimo en relación con el total de agua en el planeta: sólo el 3 por ciento, del cual menos del 1 por ciento es accesible, dado que el resto se encuentra congelada en los glaciares o a grandes profundidades, como es el caso de los acuíferos. El 97 por ciento restante es agua salada, no apropiada para la mayor parte de las actividades humanas.
Ricardo Natalichio nos aporta, que ríos, lagos y hasta los inmensos océanos son víctimas de la contaminación a tal punto que en muchos casos de fuente de vida han pasado a ser focos de transmisión de enfermedades y sinónimo de muerte.
Sin embargo, la vida moderna tal como ha sido pergeñada continúa precisando cada vez mas y mas recursos naturales para satisfacer sus ficticias necesidades de consumo. Vivimos en una "sociedad de consumo" y consumir -palabra derivada del latín "consumere"- significa gastar o destruir. Eso es lo que venimos haciendo durante los últimos siglos, gastando y destruyendo todo lo que la Tierra nos ofrece.
El volumen y la velocidad con la que gastamos y destruimos ha ido aumentando exponencialmente a tal punto que ya hemos sobrepasado la capacidad del planeta de absorber nuestros desperdicios, entonces nos encontramos ante la peor encrucijada posible.
Un apocalíptico escenario largamente anunciado por científicos y ecologistas se presenta ante nuestros ojos y los tiempos para reaccionar se acortan.
Muchos cambios en nuestro modo de vida son necesarios para detener o al menos reducir los terribles impactos de la modificación del clima sobre el planeta.
Es muy preocupante cuando se indica, que hoy en el mundo hay mil cien millones de personas que no tienen acceso al agua potable y dos mil 600 millones que carecen de saneamiento básico. Las Naciones Unidas han reconocido que estas carencias se han convertido en limitaciones muy graves para lograr mejoras en la calidad de vida y en un obstáculo poderoso en la lucha contra la pobreza, la enfermedad y el subdesarrollo y, por lo tanto, en una gran dificultad para cumplir las Metas del Milenio para el 2015. Satisfacerlas supone cambios radicales en nuestra relación con el agua y en la forma que la usamos y por consiguiente requiere un esfuerzo colectivo muy importante.
Muy preocupante lo que aporta Ernesto Guhl Nannetti, que la dramática situación en el África, acosada por la sed y enfermedades de origen hídrico y en menor grado la de otras regiones del mundo, no pueden ser ignoradas, así como el manejo de ríos compartidos por varios países es terreno fértil para conflictos internacionales causados por un recurso cada vez más demandado y con peor calidad. Se agrega la pérdida de capacidad de soporte de los ecosistemas por la agresiva intervención humana sobre ellos y por la contaminación. Se presenta mundo sediento. Para tratar de evitar que esta imagen se convierta en realidad, se señala que se ha planteado la necesidad de generar y difundir una nueva "cultura del agua" que le otorgue su valor simbólico y económico como elemento indispensable para la vida, el bienestar y el desarrollo y que estimule su conservación y su uso cuidadoso, dentro de una visión integral de la gestión del recurso, que hasta ahora ha sido fragmentada y parcial
Este cambio cultural debe adelantarse mediante procesos formativos y educativos que cubran la totalidad de la sociedad y lograrlo constituye un reto de primera magnitud para los gobiernos. La racionalización del consumo, teniendo en cuenta las prioridades de los diversos usos, es también parte fundamental de la nueva cultura.
Debe preocuparnos seriamente, que según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la actualidad, de los 6.250 millones de habitantes, 1.100 millones no tienen acceso al agua potable y 2.400 millones carecen de un saneamiento adecuado. Las cifras involucran en valores aproximados al 40 por ciento de la población mundial. Las páginas más negras del informe dan cuenta de que cinco millones de personas -la mayoría, niños- mueren cada año por beber agua contaminada. El mismo informe advierte que, de no revertirse este panorama, en el año 2025, las muertes y las enfermedades ocasionadas por la escasez y la contaminación del agua podrían adquirir dimensiones trágicas.
Nos agrega portalplanetasedna.com.ar. que el continente latinoamericano es el de mayor injusticia en el uso y acceso al agua, según señala un trabajo de Maude Barlow, activista canadiense y referente mundial en el tema. Aunque es la región con mayor volumen de agua dulce per cápita, con el 20 por ciento del total mundial, 80 millones de personas no tienen acceso al líquido vital en América latina. En el mismo trabajo se informa que mientras un latinoamericano consume en promedio 20 litros por día, un italiano llega a 213 un estadounidense puede superar los 600 litros diarios. Barlow pone otro ejemplo: Canadá tiene una décima parte del agua dulce de superficie del planeta, pero menos del 1 por ciento de la población mundial.
Definitivamente Alrededor de 1.000 millones de personas carecen actualmente de agua potable, y otros 2.500 millones no tienen acceso a saneamiento.
Los expertos observan que las mujeres y las niñas son las más afectadas por la crisis hídrica, dado que son quienes cargan con más responsabilidades domésticas, como la limpieza, la cocina, la recolección de agua y el cuidado de niños y enfermos.
Esas tareas las exponen a muchos riesgos, como la contaminación por enfermedades relacionadas con el agua y la violencia en zonas de conflicto, y a menudo les impiden ir a la escuela o tener un trabajo.
Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), las mujeres y niñas de los países en desarrollo caminan un promedio de seis kilómetros diarios para trasladar 20 litros de agua

